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La violencia económica también es violencia de género

Según la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, el 11,5% de mujeres mayores de 16 años ha sufrido en algún momento de su vida violencia económica. La tenencia de tarjetas bancarias, el impago de pensiones como la alimenticia o el control de gastos son algunos de los hechos que la evidencian.

Hoy, 25 de noviembre, es el Día Contra la Violencia de Género y queremos aprovechar para hablar sobre un tipo de violencia que aún es menos visible, la económica, la cual más de 2.350.000 mujeres han sufrido alguna vez en nuestro país.

Sus efectos son menos evidentes que los de la violencia física y/o sexual pero, sin embargo, resultan mucho más cotidianos y afectan a un mayor número de mujeres en todo el mundo.

A este mecanismo de violencia y control debemos sumarle la brecha de género existente en el sistema financiero. Y es que, a pesar de la escasez de estudios que la demuestran, existente gran cantidad de desigualdades en este ámbito poco conocidas. Una excepción a esta no cobertura de la información es el documento Finanzas y desigualdades de género, que valida la siguiente información: existen importantes desigualdades de género en el ámbito financiero.

  • en el acceso a los servicios financieros
  • en el uso de los servicios financieros
  • en relación con la cultura financiera

Si nos centramos en el no acceso a los servicios financieros, vemos algunas consideraciones interesantes. Según la Global Financial Inclusion del Banco Mundial, el 65% de la población adulta no tiene una cuenta formal debido a la falta de dinero suficiente para usarla.  Sin embargo, entre las mujeres, la segunda razón más común es porque otro miembro de la familia ya tiene una.

En España, el régimen económico matrimonial mayoritario en el país es el régimen de bienes gananciales según el cual, la firma de ambos cónyuges es un requisito para la disposición del patrimonio y esto, en algunos casos, puede suponer un obstáculo en la disposición del dinero para las mujeres que no cuenten con el consentimiento de su pareja o estén, por ejemplo, en un proceso de separación o divorcio.

Con respecto a préstamos y créditos, no existen obstáculos legales para disponer de ellos, sin embargo, sí hay sesgos de género a la hora de evaluar las operaciones. Y es entonces cuando la brecha salarial tiene efectos notables y perjudiciales para la mujer.

Si los ingresos de las mujeres son más bajos con respecto a los hombres, en consecuencia, tienen menos opciones a créditos por parte de los bancos. Lo mismo ocurre con los préstamos.

Así que, las mujeres solicitan menos préstamos y de cantidades menores, acuden con mayor frecuencia que los hombres a circuitos informales de financiación, poseen menos títulos de propiedad y, por tanto, cuentan con menos activos para ofrecer en garantía.

Es evidente entonces que el sistema financiero termina por generar a través del “efecto bola de nieve”, un sistema que  penaliza a las mujeres y favorece a los hombres, generando y agravando la desigualdad y la exclusión.

Además, la autonomía económica -financiera de muchas mujeres está relacionada con el grado de autonomía que éstas poseen sobre su pareja y, puntualmente, a la capacidad de disponer de recursos económicos propios para sustentarse: cubrir gastos, salir, comprar elementos de uso personal, comida y bienes de su propio uso y consumo.

Según nuestra propia experiencia, podemos afirmar que las mujeres más vulnerables son las que presentan escasos recursos propios, baja escolaridad, limitada red familiar y social (especialmente si son migrantes), y déficit de acceso a bienes y servicios. Las mujeres con estas características se ven afectadas por una gran dependencia económica y financiera con respecto a los hombres.

Estas situaciones de dependencia económica son incluso más evidentes en separaciones o divorcios, situaciones en las que la mujer se queda sin recursos económicos, sin casi acceso a los servicios financieros, y en  grave peligro de exclusión social y empobrecimiento (de ella y de sus hijos/as que suelen estar a su cargo).

Queremos destacar así que algunas situaciones de estas situaciones de dependencia económica se pueden transformar en situaciones de violencia económica, la cual es invisible a los ojos de muchas personas.

Estas son solo algunas formas de violencia machista que se manifiestan a través de limitaciones encaminadas al poder y al control de la persona a través del dinero y el patrimonio:

  • Pensiones alimenticias que nunca llegan o si llegan, no es a tiempo.
  • Toma de decisiones en la familia que “corresponden” a quien lleva dinero en casa o la contribución más “importante” en términos de valor económico.
  • Control de propiedades familiares o apropiación de las propiedades de la mujer.
  • Saboteos en la cuenta corriente en régimen ganancial.
  • Negación del dinero a la pareja económicamente dependiente para que se satisfaga sus necesidades elementales, como la alimentación, la vivienda, la vestimenta o el acceso a la salud.
  • La brecha de género en el trabajo donde las áreas de alta dirección y toma de decisiones son mayoritariamente ocupadas por hombres y los ascensos en el trabajo y los salarios de los hombres son superiores a los de las mujeres, aun cuando ambos ostentan los mismos puestos, cargos y responsabilidades.

Además, de acuerdo con unas declaraciones de Manuela Torres Calzada, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, extraídas de un artículo del diario digital Público, la violencia económica “es un tipo de violencia que suele ir combinada con la violencia física, la psicológica o la emocional. El objetivo es tener controlada a la pareja, utilizar el dinero como un arma de control”.

En la Fundación Nantik Lum, estamos realizando un estudio sobre este importante y casi desconocido tema que seguro nos llevará a hacer nuevas reflexiones.
Si trabajas en una entidad social con mujeres y quieres participar en este proyecto de investigación, ponte en contacto con nosotras a través del siguiente email: crea@nantiklum.org. Será un placer poder contar contigo y tu experiencia.

¿QUIERES MÁS INFORMACIÓN?

Si tienes alguna duda o consulta, visita nuestra página de salud financiera para familias y déjanos tu consulta en el formulario, o contacta con nuestras técnicas de salud financiera a través del correo electrónico saludfinanciera@nantiklum.org o los teléfonos  686 08 72 74 / 692 007 045  / 682 477 201.

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2020-11-25T10:31:12+00:00