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La salud financiera de la población joven en España

El último ciclo de crecimiento económico, interrumpido por la pandemia, deja a las generaciones más jóvenes un panorama bastante desolador en lo que se refiere a su salud financiera. En España, las personas de entre 18 y 39 años han tenido que enfrentarse a dos crisis consecutivas que han ahondado en la precariedad laboral y en la incertidumbre con respecto a su futuro financiero.

En la Agenda 2030 se designó la tasa AROPE como el indicador para medir el riesgo de pobreza y/o exclusión social (At Risk Poverty and/or Exclusion). Este indicador se compone de tres subindicadores: el riesgo de pobreza, la privación material severa y la baja intensidad de empleo. Según el informe EAPN en 2021 el 26.4% de la población española está en riesgo de pobreza y/o exclusión, cuando los objetivos estipulados por la agenda 2030 exigen que la cifra se encuentre en el 21.6%.

La crisis económica derivada de la pandemia ha agravado la situación financiera de un amplio porcentaje de la población, pero las condiciones para que se diera tal catástrofe ya existían antes de la crisis sanitaria. Tras la recesión de 2009 la evolución de los índices de pobreza se modificó profundamente en un grupo de edad que analizaremos en el siguiente artículo: los jóvenes (16 a 29 años).

Riesgo de pobreza

En el último año este grupo de edad toma el segundo puesto (tras los menores de 16 años) con una tasa de pobreza del 22.7% sobre la población total. Cabe destacar que los hogares con adolescentes tienen tasas de pobreza más altas que las de aquello hogares en los que sólo viven adultos.

Privación material severa

En este ítem ambos grupos, lamentablemente, vuelven a competir por los primeros puestos. La privación material severa es no poder permitirse una comida de carne (o pescado) cada dos días, no poder mantener a una temperatura adecuada el hogar o no poder hacer frente a gastos imprevistos. Y en esta situación viven el 9.3% de nuestros jóvenes, encabezando el ranking por grupos de edad.

Baja intensidad de empleo

Que las estrategias políticas se centren, principalmente, en la creación de empleo, a riesgo de la precarización del trabajo, tiene como consecuencia el aumento de las tasas de pobreza. La relación entre trabajo y pobreza es compleja. Para comprender esta relación debemos conocer el índice BITH (baja intensidad de trabajo por hogar) que relaciona el número de personas por hogar en edad de trabajo y las que realmente están trabajando.

El 66% de las personas que habitan un hogar con baja intensidad de trabajo, lógicamente, se encuentran en situación de pobreza. Pero, paradójicamente, sólo el 22% de las personas que son consideradas en riesgo de pobreza habitan en un hogar con baja intensidad de trabajo. Es decir, existen hogares (el 88%) donde todos los miembros que están en edad de trabajar, efectivamente, trabajan y aún así no han podido salir de su situación de pobreza.

¿Cómo llegamos a fin de mes?

El informe de la EAPN nos alerta de que el 45.2% de la población española tiene algún tipo de dificultad para llegar a fin de mes. La población joven lidera nuevamente las encuestas, afirmándose que el 12% llega con cierta dificultad, el 15,8% con dificultad y el 23,5% con mucha dificultad. En total, el 51.3% de nuestros jóvenes se encuentra con problemas para llegar de forma digna a fin de mes.

La salud financiera como salvación

Un informe realizado por el banco sueco Klarna expone que el 21% de los jóvenes entre 18 y 39 años gasta más de lo que ingresa. También nos revela que el 48% considera que la capacidad de ahorrar de su generación es inferior a la de sus padres. Sin embargo, el 72% se considera responsable a la hora de gestionar su dinero y el 67% cuenta con un colchón para emergencias. Pero a pesar de ello, el 53% siente estrés frente a la gestión de sus finanzas y el 29% piensa en su dinero y comprueba su cuenta corriente cada día.

Como hemos comentado en otras ocasiones, desde Nantik Lum estamos convencidos de que una buena gestión financiera es imprescindible para asegurar el bienestar psicológico. El psicólogo Leopoldo Ceballos afirma que “ahorrar y tener un proyecto que necesite planificación a largo plazo se convierte en una herramienta indispensable para la seguridad en uno mismo y la salud mental”.

Para gozar de una buena salud financiera y que esta se traduzca en una buena salud mental debemos implementar una planificación financiera. Este plan debería tener la siguiente estructura:

  1. Establecer objetivos (o motivaciones) y su prioridad.
  2. Definir el tiempo en el que se alcanzarán los objetivos.
  3. Elaborar un presupuesto acorde a los objetivos.
  4. Controlar las decisiones financieras para evitar salirse del plan.

Conclusiones

Frente a este desolador horizonte, el suicidio se ha convertido en la cuarta causa de muerte entre la población joven. Angustiados por la situación financiera de sus familias, sin perspectivas de un trabajo estable y con la ansiedad derivada de la emergencia climática, nuestros jóvenes no se sienten capaces de afrontar el futuro que les espera.

Parece que las instituciones están haciéndose eco de esta importante problemática y se están empezando a forjar iniciativas para mejorar la calidad de vida de un sector de la población del que no podemos desentendernos. Pues los jóvenes de hoy serán los adultos del mañana. Serán los encargados de mantener las estructuras sociales y si han crecido en un mundo que los hace sentirse frágiles ¿sobre quiénes podremos edificar nuestra sociedad?

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Artículo publicado con motivo de la Global Money Week 2022 organizada por la #OCDE en el marco de nuestra colaboración con Finanzas Para Todos.
#GlobalMoneyWeek2022
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2022-03-23T12:19:57+01:00