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La libertad de elegir

Desde siempre recuerdo a mi madre diciéndonos a mi hermana y a mí que estudiáramos lo que quisiéramos, que escogiéramos la profesión que nos gustara pero que nunca renunciáramos a la independencia económica. Ella identificaba que la independencia económica garantizaba la libertad de elegir.

Teresa Fraile, a la derecha, en el encuentro anual de voluntariado 2021. / Fundación Nantik Lum

Mi madre pertenecía a una generación en la que las mujeres eran obligadas a dejar sus trabajos cuando se casaban y a partir de ese momento su dependencia económica era total.

Siempre nos cuesta hablar de dinero en las relaciones personales, en España rara vez se plantea el régimen matrimonial cuando vas a casarte y sin embargo vemos con naturalidad hablar de compartir gastos en un piso compartido con amigos. No somos capaces de sentarnos con naturalidad en familia para hablar de como gastar/invertir el dinero que se genera en la familia y habitualmente una persona es la que lleva la voz cantante y esto da lugar a situaciones de desigualdad, imposición y en los peores casos, de violencia.

Si bien es cierto que hoy en día no existe esa imposición para la mujer de abandonar su empleo al casarse, la llegada de hijos a la familia, muchas veces marca el futuro profesional de las mujeres, tristemente la conciliación no es todavía una realidad.

Todos conocemos algún caso de mujeres que trabajan en el pequeño comercio, con sus jornadas partidas y largos horarios, que se han encontrado en la tesitura de utilizar su sueldo en el pago de guarderías o contratación de una persona para atender a su hijo o negociar un “falso despido” para cobrar el paro 2 años y arriesgarse a no encontrar trabajo en el futuro. Cuando hablas con ellas hay una frase recurrente, es que cambiaba dinero o mi marido cobra más, pero cuando rascas un poco ves que no es una decisión totalmente libre.

En empresas grandes, a priori las circunstancias son mejores, existen excedencias, reducciones de jornada y por tanto no se renuncia al trabajo pero… y la vida profesional, ¿cómo queda? No nos engañemos, la mujer sigue tomando el rol de mujer todopoderosa que puede con todo y asume el peso de llevar al niño al médico, al colegio, ir a las tutorías, es ella la que habitualmente reduce su jornada laboral o solicita excedencias y aunque digan que no afecta, al final acaba pasando factura en un mundo laboral tan competitivo como el actual.

Alguien puede decirme ¿y qué hay de malo en querer ejercer de madre y priorizar esto sobre la vida profesional? Pues de malo no hay absolutamente nada si esa es tu decisión libre y que no venga impuesta por convencionalismos o por una renuncia en favor de la carrera de la otra persona o por la mayor o menor nómina de cada uno.

La conciliación no es solo compartir las tareas familiares, no solo que las empresas faciliten condiciones o que se legisle, todo ayuda pero lo que todos tenemos que interiorizar que la conciliación solo será real cuando todos seamos libres de elegir como queremos vivir la vida.

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Teresa Fraile, voluntaria de Nantik Lum.

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2021-12-20T13:01:55+01:00