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Comprar en Navidad, más cabeza y menos corazón

Navidad es una época llena de emociones, pero también de decisiones de compra que pueden comprometer nuestra estabilidad económica. En estas fechas, más que nunca, compramos con el corazón y no con la cabeza.

Las emociones juegan un papel crucial en la toma de decisiones y son las que motivan nuestros impulsos de compra. Esto es bien sabido por los expertos en marketing y ventas, que con sofisticadas estrategias de persuasión nos inducen a hacer gastos que realmente no podemos asumir.

Cuando dejamos que las emociones controlen nuestras decisiones lo más común es que exageremos las cualidades de un objeto o situación. El sistema capitalista nos empuja continuamente a tener grandes expectativas sobre nosotros mismos, expectativas que difícilmente podemos cumplir. El miedo a no lograr cumplirlas nos puede llevar a situaciones de sobreendeudamiento que lejos de mejorar nuestra vida, la empeoran y nos hacen caer en un profundo estado de frustración. Si permitimos que esta reacción emocional enturbie nuestro proceso de toma de decisiones la percepción del problema se distorsiona y nuestras soluciones se ven condicionadas por esa frustración. Esto se conoce como el ciclo de expectativa-frustración.

Antes de hacer grandes desembolsos de dinero o de contratar productos para financiar compras, lo más inteligente es sopesar las diferentes ofertas, hacer cálculos pensando en el largo plazo, rehusar de lo que parece muy fácil a primera vista y no tomar decisiones de forma precipitada. Debemos pasar el filtro de la emoción e interrogar a nuestra mente sobre la urgencia o no de esa decisión y si creemos que no estamos capacitados para tomar una buena decisión, lo mejor es pedir asesoría a expertos.

Cuidado con los fraudes

Otro de los peligros a los que nos enfrentamos en estas fechas, y en los que las emociones están implicadas, son los fraudes financieros. Estos están diseñados para atacar directamente a nuestras emociones más sensibles. Los colectivos vulnerables, ya sea por un déficit educativo o por una elevada necesidad material, son presa fácil de este tipo de delitos.

Si bien el miedo es una de las emociones más poderosas, la ilusión lo es más todavía. ¡Has ganado un premio! ¡Gratis! ¡Descuento! ¡Regalo! Estos mensajes activan nuestro sistema dopamínico de recompensa, dándole rienda suelta a la reacción emocional dentro de nuestro cerebro, aumentando nuestro entusiasmo y se cegando nuestra razón.

Para potenciar nuestra inteligencia financiera, es decir, nuestra capacidad de someter a juicio crítico una decisión relacionada con los gastos, lo primero que necesitamos es tomar consciencia de cómo funcionan nuestras finanzas y de qué forma afectan a nuestra vida. En Nantik Lum, durante nuestros acompañamientos, hemos detectado que muchas personas afirman que llevar el registro de los gastos les genera ansiedad y preocupación. Pero es, precisamente, la falta de consciencia lo que más contribuye a la generación de ese tipo de sentimientos. Las finanzas no deberían controlar nuestras vidas, sino que somos nosotros quienes debemos controlar nuestras finanzas.

Consecuencias físicas y emocionales

La desorganización financiera puede conducirnos a estados de estrés, ansiedad y malestar general, que tratamos de paliar con mecanismos de recompensa artificial. Esto puede manifestarse de diferentes formas, pero una de las más comunes son los gastos hormigas. Son pequeños gastos que, en principio, no tienen un gran impacto en la economía, pero que, al ser numerosos, al final de mes suponen un monto elevado. Cuando tomamos consciencia de que nos hemos excedido en los gastos entramos en el círculo vicioso de la culpa. Este sentimiento aumenta nuestro mal estar, el cual buscamos reducir nuevamente con los mecanismos de recompensa artificial, y una y otra vez nos encontramos en la casilla de salida.

Si nos adiestramos en tomar consciencia de nuestras emociones, podremos detectarlas antes de que tomen el control de nuestra mente. Lo recomendable es agotar al pensamiento con preguntas de modo que los argumentos emocionales vayan perdiendo fuerza. Si después del escrutinio hemos concluido que la compra es necesaria, hagámosla.

Entender y controlar nuestros impulsos emocionales y contar con el conocimiento suficiente para detectar los productos sospechosos son síntomas de una buena salud financiera.

Como hemos hablado en varias ocasiones, la salud es algo que involucra a nuestras dimensiones física y mental. Una buena salud financiera no solo implica que nuestras condiciones materiales sean las óptimas, sino que la relación emocional que tenemos con el dinero sea la adecuada.

¿Necesitas ayuda?

Si tienes alguna duda o consulta, contacta con nuestras técnicas de salud financiera a través del correo electrónico saludfinanciera@nantiklum.org o en el teléfono 686 08 72 74 .

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